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Sin trabajar, no comeremos. Sin comer, moriremos. Sin embargo, incluso comiendo morimos. Sin un propósito claro de qué hacer en la vida, el trabajo no tiene el menor sentido.

El psicólogo japonés Yoshihiko Morotomi escribe en su artículo titulado “La psicología del vacío”

«Un joven, formado en una de las mejores universidades del país, cada vez que se encontraba con sus ex compañeros – todos alrededor de los treinta años y con empleos envidiables en empresas de prestigio–, decían lo mismo: “Quisiera poder dejar mi trabajo”. Al oír esa historia, me acordé de un amigo que recientemente, al comprar su casa nueva, me dijo: “Desde el momento en que firmé el contrato, sentí un vacío. Voy a tardar treinta años en pagar el préstamo. Durante todo ese tiempo tendré que trabajar en la misma empresa, continuar en un empleo que no me da ninguna satisfacción. El resto de mi vida voy a vivir sólo para pagar la hipoteca de la casa”. La vida de un empresario es difícil. El estrés devora su salud y él trabaja hasta tarde tantas noches que casi no puede quedarse con la familia. Se añade a esto la actual crisis económica. Más y más empleados de empresas encuentran difícil hallar sentido o esperanza en su trabajo».

Cualquier trabajador con una visión nítida del propósito de la vida estaría lleno de entusiasmo por el trabajo, estaría –como dijo Nietzsche–, dispuesto a desear incluso el sufrimiento para «perseguirlo». 

El mejor estimulante para motivar el trabajo es el propósito de la vida. 

Lea más sobre este y otros temas relacionados a nuestra vida y el ser humano en el libro Por qué vivimos, de Kentetsu Takamori. 

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Profesor de budismo y autor de varios bestsellers sobre filosofía budista, desarrollo humano y educación en Japón. Autor del libro "Por qué vivimos".

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